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BLOG: Toño Esquinca
Primero, auto-respeto

¿Cuántas veces te has desbordado por complacer a las demás personas, aún pasando por encima de ti? Aunque debemos tener en cuenta que el concepto de compasión abarca el sacrificio que muchas veces representa salir de nuestra zona comodina, este debe ser hacia ambos lados, es decir, la ecuación se rompe cuando nos desbordamos por los otros y dejamos atrás nuestro propio bienestar.

Existen algunos códigos de auto-respeto que quiero compartirles porque creo que todos hemos pisado nuestro propio bien alguna vez, pero para sentirse bien con uno mismo, es fundamental no traicionarse.

1. La compasión siempre debe ir de la mano del nivel de conciencia: si en tu conciencia ya existe la comprensión del beneficio de ayudar a alguien que no seas tú, aún tratándose de personas desconocidas, entonces puedes ejercer actos compasivos de ese tamaño, si no, es mejor evitar contradicciones internas.

2. Ante todo, ¡respétate en lo básico!: respeta al templo que es tu cuerpo, respeta tus biorritmos, tus horarios, tu forma de alimentarte, tus tiempos para ejercitarte, para relajarte, para divertirte, para instruirte.

3. Respeta tus prioridades: respeta tus ideales, tus principios, tus gustos, tus preferencias, tus sueños, tus metas, tus objetivos, respeta tu más profundo llamado interior.

4. Respeta tu espacio vital: respeta tu casa, el lugar en donde habitas, en donde reposas y duermes, en donde te aseas, en donde te reinventas todos los días; no dejes que entre energía negativa o discordante, recuerda que tu casa es tu recinto de paz.

5. Respeta tus acuerdos: si ya te prometiste algo, hazlo por más pequeño que parezca, pues tiene el enorme significado de poder creerte a ti mismo, a ti misma; haz compromisos contigo como si fueran avalados por la ley más poderosa del universo y, a menos que tengas una razón de peso que tu subconsciente entienda, ¡jamás los rompas!

6. Respeta lo tuyo: aquello que te ha costado genuino esfuerzo, trabajo, dedicación, tiempo y dinero, es digno de ser honrado y preservado, no lo regales sin un propósito verdadero, o a quien no lo va a valorar; aunque practiques el desapego, no lo desprecies no cuidándolo.

7. Recuerda que, para poder ayudar, tú tienes que estar bien; a veces con el ejemplo se ayuda mucho más que con una privación que te dejará imposibilitado para dar más, o hasta te dejará peor que aquellos a quien quieres ayudar. El camino de la maestría es saber honrar, sin ego, lo que somos y tenemos.

8. Respeta tus relaciones: aquellos seres que amas, son dignos de todo tu respeto, no sólo por su identidad propia, sino porque son joyas de tu corona; ¿has escuchado la frase: “farol de la calle, oscuridad en su casa”? Pues se refiere justamente a que, por irónico que suene, a veces somos mucho más hostiles, crueles, tiranos, enjuiciadores y ausentes con quienes sostenemos relaciones más cercanas, y, aunque hasta cierto punto es normal que sean las relaciones de más fuerte aprendizaje, al mismo tiempo son a quienes por alguna poderosa razón la vida nos puso en primera fila para aprender a amar y perdonar.

9. Respeta tu destino, respeta aquello que la vida permite para ti, y aquellos lugares, personas o situaciones de los que te remueve, respeta lo que viniste a hacer y tu misión sagrada.

10. Finalmente, respétate por completo, porque recuerda que nadie puede dar lo que no tiene, y si quieres respetar a los demás, sin opción, debes comenzar por el auto-respeto.

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