Una noche poderosa en CDMX para celebrar a su hermano

Limp Bizkit volvió al escenario por primera vez desde la muerte de Sam Rivers, su histórico bajista, quien falleció en octubre. La banda eligió la Ciudad de México para este regreso tan cargado de emoción: el 29 de noviembre, en el Estadio Fray Nano, el público presenció una de las presentaciones más simbólicas de la historia de la agrupación.

Antes de tocar una sola nota, los integrantes de la banda se sentaron frente a sus fans para ver un video tributo de cuatro minutos dedicado a Sam. El clip cerró con un mensaje que estremeció al venue completo: “Sam Rivers, our brother forever.” Aquella pausa silenciosa, llena de respeto, unió a la banda y al público en un mismo latido.

En esta presentación, el grupo sumó al bajista Richard “Kid Not” Buxton, músico conocido por su trabajo junto a Ecca Vandal (acto que los acompañó en giras pasadas). Kid Not tomó el bajo con un objetivo claro: rendir homenaje a Sam desde cada nota.

Días antes del concierto, John Otto, baterista de la banda, compartió un mensaje que ya anticipaba la intensidad del momento. Contó que este show sería “un primero que nunca quise vivir”. Recordó los años que compartió con Sam, desde la adolescencia hasta la cima del mundo del nu metal: “Crecimos juntos. Nos reímos juntos. Cumplimos nuestros sueños juntos.” También aseguró que Sam seguirá presente en cada concierto y agradeció profundamente todas las muestras de cariño de los fans.

Kid Not también expresó su honor por ser parte de este homenaje. Tras el concierto escribió que pudo sentir la presencia de Sam en cada momento del show y confirmó que esta gira “es para Sam.”

Con un setlist de 15 canciones y un público mexicano entregado como pocas veces, Limp Bizkit convirtió el dolor en una celebración de vida, música y hermandad.

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