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BLOG: Toño Esquinca
Las bendiciones ocultas

Hay una fábula de Osho que describe cómo cuando en un pueblo sucedían cosas que a todos parecían desastrosas, o bien, grandes golpes de suerte, un viejo sabio continuamente les recordaba: ¿por qué lo llaman tragedia? Eso depende, puede ser que sea una fortuna; y, por el contrario, cuando se sentían muy venturosos, decía: eso depende, puede ser que sea una tragedia.

No siempre las cosas son lo que parecen y, generalmente al transcurrir el tiempo, nos damos cuenta cómo actuó la sabiduría de Dios para prevenirnos de algo o para conducirnos a algo mejor. La clave aquí es confiar como lo hacen los niños, con un corazón puro y entregado a la coherencia de los latidos que emite, justo donde radica la fuerza de la vida, y la conexión con Dios.

Las investigaciones recientes del Heart Math Institute, en Estados Unidos, han demostrado que equilibrar la naturaleza energética de la mente y de las emociones por medio de la compasión para nosotros mismos y para los demás eleva fuertemente el sistema inmunológico, y al revés, el miedo, la preocupación y la ansiedad arriesgan el funcionamiento del sistema inmunitario, vulnerando al cuerpo ante virus y enfermedades.

El miedo excesivo o injustificado, siempre nos quita poder y es como un gran interruptor en la conexión entre nuestra mente, el discernimiento intuitivo y el corazón; pero muy en especial, entre los vínculos con los demás. ¿Le suena conocido?

Pues es justo como hemos estresado la vida en este planeta. Entonces eventos como el actual, ¿serán realmente una maldición? O un acto amoroso de la naturaleza y de Dios para no dejarnos ir más allá en la generación de creaciones oscuras y que van en contra del principio de la vida. El enfoque ante estos eventos puede ser muy distinto y traernos de vuelta a las verdades más profundas de ser humanos.

Es un deber estar informados veraz y oportunamente en fuentes adecuadas, sin embargo, es distinto abordar una perspectiva de pánico y psicosis colectiva, a tener una visión clarificante, profunda y responsable. Hacer el ejercicio consciente de no enfermarse en la mente antes de cualquier suceso. Ocupémonos de irradiar paz, compasión y amor al mundo, comenzando por nuestro entorno personal y por nosotros mismos.

Cuando colectivamente nos vemos enfrentados a un reto, podemos tomar la invaluable oportunidad de reflexionar en el valor de la vida y, principalmente, en el valor de su equilibrio y de la enorme responsabilidad que cada uno de nuestros actos, pensamientos, sentimientos, palabras, y elecciones tienen en el todo.

Estamos indivisiblemente unidos en el campo energético unificado de la Tierra, y como especie, compartimos un cerebro global, por eso es que contribuir con lo mejor de cada uno de manera compasiva, como le hablaríamos a quien más amamos, ayuda al restablecimiento del equilibrio, así como agradecer por lo que tenemos y por lo que no tenemos, y reducir el miedo para tomar decisiones inteligentes y arraigadas.

Qué tremendo regalo puede ser en estos tiempos una regla obligatoria global de tomarnos el tiempo de oro para estrechar lazos con quienes más queremos, de ser más solidarios, más comprometidos con los vínculos que hemos desperdiciado tanto, y limpiar nuestros espacios interior y exterior, literal y metafóricamente. Que estos tiempos nos ayuden a dar a luz nuevas formas de concebirnos a nosotros mismos y de concebir nuestro paso por esta maravillosa experiencia llamada vida en la Tierra.

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