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BLOG: Toño Esquinca
La vida nos invita a todos

Es increíble lo que el poder de la conciencia humana puede lograr. Es innegable que, así como en la vida personal, en la colectiva, a veces requerimos de sacudidas que nos hagan despabilar y despertar ante realidades que se nos pasan de lado por preocuparnos de cosas que no dimensionamos en su justa medida hasta que tenemos de frente la verdad.

Nunca va a ser más importante la entrega con todos los sentidos a disfrutar de nuestros seres amados que tenerles sólo en un chat o ni siquiera hacerles caso cuando estamos juntos; nunca, pero jamás, será igual salir a la naturaleza, respirar de su pulso, hacer contacto con la Madre Tierra, que verla en documentales; nunca será lo mismo salir a explorar el mundo, conocer por experiencia propia otras culturas, otras formas de ver y sentir la vida, que escucharlo de alguien más o que verlo en la televisión.

Cuando algo nos trastoca la vida de formas insólitas, jamás volvemos a ser las mismas personas. Y es al transcurrir la experiencia completa que nos damos cuenta de todo lo que perdimos y de todo lo que ganamos. Estoy seguro que ahora, la mayor parte de los seres humanos, estamos reflexionando en aquellas cosas que hemos dado por sentadas; todo eso que hemos dado por garantizado y que, en un santiamén, pueden cambiar rotundamente.

Y esto es completamente bueno, porque todos, siempre, requerimos de un tiempo de recogimiento, de reflexión, de ir hacia dentro, de valorar, de no ser apáticos y de hacer las metamorfosis necesarias cuando algo afuera indica que así debe ser.

En términos de geometría sagrada, la creación geométrica que la humanidad ha elegido como sistemas políticos, económicos y sociales, es sumamente explosiva, es decir, todo se refiere al exterior, a los bienes, las acumulaciones, las ideas de éxito, y a intentar llenar al Ser únicamente con significados externos. Por supuesto que todo lo que logramos y tenemos ocupa un lugar primordial en la experiencia humana, pero a eso le falta su otra mitad.

Vivimos en un mundo dual y, por lo tanto, nada puede permanecer sólo en un lado de la historia. El toroide geométrico necesita girar de dentro hacia afuera y viceversa, y mantenerse en un movimiento armónico que permita que la vida sea equilibrada y sostenible.

Cuando esto no ocurre como individuos, la vida se nos atasca; literal y metafóricamente nos pone de rodillas y es entonces cuando nos damos cuenta de que, o tenemos que ir hacia afuera, o tenemos que ir hacia adentro. Ningún estado es mejor que otro, ninguno puede prescindir de su contraparte, ninguno debe ser menor o mayor.

Usted y yo, y todos, seguramente recordamos aquellos momentos de crisis personales en donde hasta culpamos a Dios por tratarnos tan mal, pero después los atesoramos como períodos de oro en los que pudimos reconocer qué tan desequilibrados estábamos para avanzar a un lugar mejor.

El momento colectivo por el que estamos atravesando es un llamado inconfundible de la sabiduría suprema de la vida que nos invita a crecer como sociedades, a dar un giro en el toroide humano, a honrar más el planeta que tenemos como casa temporal para crecer y evolucionar, a honrar el tiempo otorgado, a disfrutar más y, sobre todo, a servirnos más los unos a los otros, con conciencia, sabiduría, humildad y compasión.

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