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BLOG: Mónica López
La Decisión es Tuya

Todos hemos experimentado en ocasiones distintas eso que muchas veces vimos en las caricaturas cuando éramos niños. Una voz que nos habla al oído derecho con la imagen de un ángel y del izquierdo, con ese diablillo que nos aconseja hacer todo lo contrario. Hemos dicho incluso, ganó la voz del angelito en mi hombro y la libré… o no. Muchas veces nos disculpamos con nosotros mismos diciendo “es que estaba tan confundido, no sabía qué hacer”. En realidad siempre sabemos lo que hacer, sólo que es más sencillo pasar como inocentes, indefensos y confundidos, a asumir los efectos del “Sí, aún sabiendo que no era lo correcto lo hice, total lo bailado quién nos lo quita”.

De inocentes no tenemos nada, (sobre todo a cierta edad), si acaso ignoramos las leyes universales más elementales y al ignorarlas las pasamos por alto pero no por ello las consecuencias dejan de afectarnos, tal vez no lo asociamos pero si somos un poco más atentos a lo que viene y va en nuestra vida posiblemente podamos dar con el momento en el que generamos ese circuito sin salida que cada vez se hace más grande.

La Kabbalah nos enseña que sin importar lo mucho que parezcamos inocentes, no estamos en medio de dos fuerzas opuestas siendo torturados. Estamos muy lejos de ser indefensos. Tenemos todo el poder, de hecho es uno de nuestros más grandes dones es la habilidad para escoger cuál fuerza vamos a activar en nuestras vidas: la positiva o la negativa.

“Caer presos” ante la influencia de la negatividad no requiere mucho de nosotros, no necesitamos tanta fuerza o voluntad. Escoger la negatividad no es un acto voluntario sino una ausencia de esfuerzo. Elevarnos por encima de lo negativo y escoger conectar con lo positivo requiere un gran esfuerzo. Un sabio Kabbalista dijo una vez: “Escalar una montaña es difícil pero caer de ella no requiere trabajo en lo absoluto”.

La voz negativa siempre es más ruidosa que la voz positiva. Se requiere una decisión activa de nuestra parte para apagarla, pero debemos saber que está siempre dentro de nuestro poder hacerlo. No somos víctimas de las circunstancias. Sin importar los escenarios, es absolutamente posible controlar nuestra conciencia a través de ello. Al escoger una conciencia positiva, creamos una realidad más positiva para nosotros y por ende para los otros.

Es con este conocimiento que podemos entender que nuestra experiencia de vida verdaderamente depende de nosotros.

Si observamos lo malo, experimentaremos lo malo. Observamos sólo lo bueno y experimentaremos sólo lo bueno. No como una fantasía sino como parte de nuestra creación.

Elegir todos los días entre la conciencia positiva y la conciencia negativa es la única decisión que realmente hacemos, ya que todo lo demás derivará de esa decisión.

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