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BLOG: Toño Esquinca
Interdependientes y no codependientes

Si bien es cierto que para donde volteamos vemos algo caótico, algo que no nos gusta, o algo que parece no tener pies ni cabeza, también es verdad que es desde la plena aceptación de las cosas como son que podemos transformarlas. Parece una gran contradicción, pero así es como parece funcionar.

Mientras estemos peleados con el mundo, mientras sintamos que el resto no nos comprende y que estamos aislados en nuestro descontento, las cosas parecen empeorar más y más. Quejarse continuamente, despotricar de lo que sucede, señalar hacia afuera sin tomar responsabilidad por nuestro ser es reflejo de una edad emocional muy corta.

Crecemos como adultos pero emocionalmente nos quedamos como infantes berrinchudos, que no saben lo que quieren, quiénes son y sobre todo, cómo tomar responsabilidad de sus propias vidas para establecer un compromiso consigo mismos, con su familia, con su comunidad y con la sociedad, y así dirigimos empresas, tomamos decisiones que afectan vidas, nos volvemos padres o madres y, en general, nos relacionamos con los demás.

¿Será por esto que tenemos tan poco nivel de consideración para esperar en el tráfico, para ceder el paso, para seguir reglas de sanidad, para ceder un asiento, para ofrecer respeto, ayuda, contención, para ser proactivos, para no chismear, para ser menos reactivos?

¿Será también por esto que somos tan susceptibles a la manipulación de grupos, partidos, organizaciones, y que siempre estamos esperando que “los demás”: gobiernos, sindicatos, y figuras de autoridad, tomen responsabilidad por nosotros? Probablemente lo sea.

Pero entonces eso quiere decir tenemos una fuerte luz para cambiar lo que no nos gusta cuando hagamos el compromiso de crecer emocionalmente. Entre más nos permitamos ser ciudadanos responsables, menos codependencia tendremos de nada ni de nadie, para conducirnos como seres humanos crecidos que funcionan en un engranaje armónico y que se procuran entre sí.

La experiencia actual ha empujado también a que se escuchen las voces de muchos maestros espirituales que coinciden en que esta es una oportunidad de oro para el crecimiento personal y colectivo.

Probablemente este sea un período que usted había pedido sin darse cuenta: de aislamiento del caos cotidiano, de introspección, de estar con usted mismo, o de poder conocer en toda la extensión de la palabra a los seres con los que vive, y más allá de padecerlos, aprender a aceptarlos.

Probablemente todos, la humanidad en conjunto, consciente o inconscientemente, creamos este escenario para hacer una pausa que nos permitiera tomar nuevas decisiones a partir de un alto radical en la forma de conducirnos por la vida.

Probablemente no dimensionemos aún las oportunidades y los regalos de los que estamos siendo protagonistas, y probablemente si elegimos ser más responsables, menos codependientes, más interdependientes y atender más al llamado de nuestro Ser, podamos imprimir el sello de una realidad mejor.

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