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BLOG: Mónica López
En realidad nada es nuestro

Si hay algo que puedas perder en el siguiente minuto, quiere decir que no es tuyo, la salud, el dinero, una amistad, tu casa, el trabajo, tu mascota, la pareja, etc. ¿Acaso hay algo en tu vida que sea para siempre? ¿Hay algo en tu vida que no puedas perder? En realidad nada es nuestro, todos son regalos temporales, de nosotros depende cómo y para qué los usamos.

Rav Áshlag, fundador del Centro de Kabbalah, decía lo siguiente: “Nada en este mundo es realmente nuestro. Aunque trabajemos por algo, lo que recibimos como resultado no es en realidad una posesión… Debemos ver todo en este mundo como si viniera del cielo”.

Es un concepto poderoso y revelador. Nada de lo que recibimos en el mundo, nada con lo que nacemos nos pertenece realmente. Somos meramente un receptor de todas las bendiciones que llegan a nosotros y es nuestro trabajo cambiar de ser un simple receptor, un ser que sólo se dedica a recibir, tomando o arrasando con todo lo que vemos a nuestro paso con el sólo propósito de tener más, de pretender ganar cierto status, poder o cubrir alguna carencia… A diferencia de convertirnos en un canal compartiendo esas bendiciones: nuestro dinero, nuestro tiempo, nuestro amor, nuestra amistad, nuestro talento, de la mejor manera posible. Y no es que esté mal querer, poseer, ni ser ambicioso, no es que este mal quererlo todo, la pregunta es ¿Para que? ¿Cuál sería el propósito de tenerlo todo?

Cuando empezamos a creer que somos la fuente de las bendiciones de nuestra vida (por qué somos tan inteligentes y fregones), que merecemos o hemos creado sin ayuda todo lo que tenemos, estamos diciendo en esencia que nadie nos creó, que no necesitamos al Creador o aquella fuerza divina o poderosa en la que cada quién crea, estaríamos anulando su existencia y de esta forma nos desconectamos inmediatamente de la Luz. Volviéndonos más soberbios, egocéntricos y superficiales, vacíos.

Pero nada es para siempre y nada realmente nos pertenece, ya que al igual que cuando no apreciamos lo que tenemos, lo perdemos la mayoría de las veces, lo mismo pasa cuando perseguimos cosas que no son nuestras. Aunque lleguemos a poseerlas por algún momento, se escapan de nuestras manos por que no nos pertenecen e incluso podemos perder lo que ya teníamos, podemos perder aquellos que sí eran nuestros regalos y bendiciones… ¿Les ha pasado? El viejo dicho de: “Me quedé como el perro de las dos tortas”.

En Kabbalah aprendemos al principio de nuestros estudios que la forma de recibir más Luz es compartir la Luz que tenemos. Vivir verdaderamente esta sabiduría significa que empezamos a vernos como los gerentes de nuestras bendiciones en lugar de los propietarios. ¡Entonces podemos convertirnos en un canal para la distribución de la Luz! Por así decirlo.

Es un cambio muy dramático en nuestra conciencia y no es fácil de hacer, pero los resultados del esfuerzo valen la pena.

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