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BLOG: Toño Esquinca
Blog Toño Esquinca: El año de las pérdidas

Por mucho y casi en todo, podríamos considerar este 2020 como el año de las pérdidas, no sólo por la catástrofe en pérdidas humanas que ha ocasionado la pandemia mundial, sino porque esto trajo consigo muchas muertes más.

La muerte de muchos asuntos que parecían ser pero que no eran nada, la muerte súbita de estilos y rutinas en la vida cotidiana, de la manera de interactuar, de trabajar, de comunicarse, de reunirse, de consumir, de comportarse, y en ámbitos más profundos, de verse, de asumirse, y de ser responsables de nuestras creaciones.

El encierro forzoso ha sido, sin darnos totalmente cuenta, una manera de vivir el duelo de todas estas dinámicas, para adentrarnos a cosas insospechadas tanto de forma como de fondo. Y ojalá que así sea.

Lo cierto es que, como en cualquier evento que nos trastoca, ya nada vuelve a ser igual. Y ahí justamente es donde nos debemos hacer más fuertes y con una mucho más grande capacidad de adaptación, es decir, de evolución.

Por ahora, es muy temprano para saber qué o cómo serán las nuevas mecánicas para interactuar, para trabajar, incluso para reconducirnos a un camino propio que vibre más con nuestra verdad, que con lo adaptado y adoptado del exterior, pero sí que es momento para aquietarnos y dedicarle el tiempo necesario a llorar a nuestros seres amados que han trascendido de este mundo.

A la pérdida de un trabajo, de un negocio, de un hogar, de una pareja, incluso, de la libertad para salir a las calles como solíamos hacerlo, de tener encuentros, de un beso espontáneo, de atender al grito de un abrazo a conocidos o desconocidos, de chocar las palmas, de estrecharnos con la sonrisa y con el cuerpo.

Lo importante es que nos otorguemos este espacio para llorar lo suficiente, para agradecer por lo aprendido, y para despedir lo que tengamos que despedir con fuerza de espíritu y humildad para reconocer los lados flacos que la pandemia de verdades nos trajo a la mesa.

Sólo la paz de un cierre completo podrá darnos el suelo para renacer en nuevas versiones en todo sentido, principalmente la personal. No lo deje para después, no lo subestime y, sobre todo, no lo evada. El camino va hacia delante y no se detiene, pero uno es el que puede crear la ilusión de frenarse, o de regresar a lo mismo, pero eso es un espejísmo, y se llama estancamiento.

Dediquemos pues el tiempo y el espacio a dejar ir con humildad y preparar la tierra fértil para un gran renacimiento. Nuestros seres amados que han partido han renacido ya en otro cielo, aboquémonos entonces a renacer en esta realidad en completa paz con el pasado, y con la mira en alto de que lo mejor estará por venir si es que así lo queremos y lo elegimos.

Por lo pronto, a título personal, este 20 de agosto hago una inspiración profunda, tomo las partes de mi corazón que siguen vivas, profundamente vivas y encendidas con el fuego del espíritu, y dejo que algo mucho más grande las vuelva a unir fundiéndolas con el amor primigenio, para retomar mi andar y dar la vuelta al sol en la mejor posibilidad que pueda ser, para mi misión personal, y también para mi entrañable audiencia: el mejor público del mundo.

Gracias por su apoyo incondicional en los momentos más difíciles. Que Dios nos bendiga a todos y todas, por siempre.

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