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BLOG: Toño Esquinca
Blog Toño Esquinca: El hacer del no hacer

¿Se ha preguntado cuántas veces menos es más? ¿O cuántas veces usted mismo es quien ha bloqueado que muchas cosas sucedan por querer a la fuerza que sucedan? Sin duda, una de las grandes revelaciones que estos tiempos de confinamiento trajeron, ha sido, para bien o para mal, el poder que tiene el no-hacer o, en otras palabras, el poderse detener por un momento o por unas horas o días, para permitir que corra el flujo de la energía o de los acontecimientos.

Una ley física fundamental nos enseña que sin vacío no puede existir el espacio para que los cuerpos o los átomos se muevan. El vacío forma parte del principio de la naturaleza para la generación de la vida en cualquiera de sus formas. Un devenir desenfrenado, apresurado y agobiado, sin hacer una pausa para la recreación, o incluso para el ocio sano, se convierte en una vida acumulativa que no permite el espacio de generación.

Por y para algo el Universo nos colocó, literalmente, en una pausa global muy necesaria. Como concepto, el vacío nos puede generar miedo y por eso siempre buscamos estar ocupados o llenando ese vacío como se pueda, pero para que nuestros caminos tengan espacio para desenvolverse, es indispensable vivir el vacío y dedicar el tiempo necesario a dejar de hacer sin ton ni son y que nuevas cosas puedan gestarse.

Permitir es una manera de vaciarse, pues, por lo general, intentamos controlar que todo esté como lo queremos, o que las demás personas se comporten de acuerdo a nuestras expectativas, y entonces preferimos o intervenir en sus vidas o alejarnos, pero rara vez permitimos.

Y lo mismo sucede con nuestro propio fuego interno: aquello que enciende la chispa interior, nuestras pasiones y lo que amamos hacer y tener, generalmente no permitimos que emerjan a la superficie para sólo dejarnos guiar y permitir que lo que la vida quiere ofrecer a través de nosotros, aparezca. Así como el capullo que contiene a la oruga, nuestra capacidad de permitir puede obrar maravillas, pues dejamos el vacío y el espacio suficientes para que nuevas alas se desplieguen.

Permitir, en el mejor sentido del término, es como ser y dejar ser, pero no sólo a las demás personas, sino a nuestros propios proyectos de vida, y a los regalos que, muchas veces por correr desaforadamente como el caballo persiguiendo una zanahoria, dejamos ir.

Mucho ojo con esto: permitir no es pecar de pereza, avaricia o conchudez, sino que es una postura mental y de la conciencia que deja que el aire fresco corra; es el estado del no-hacer del que habló Gautama el Buda, y también el Maestro Jesucristo, un estado de comunión con lo divino y de contemplación.

Que estos tiempos hayan sido y sigan siendo una tremenda oportunidad para que usted se haya escuchado mejor y haya recordado cómo es su verdadera esencia, qué es eso que vino a ofrecerle a este planeta, y qué tesoros le han pasado desapercibidos y ha tenido todo el tiempo en la punta de su nariz.

Permítase a sí mismo y permita que los seres a su alrededor le muestren lo que siempre ha estado disponible para usted y que sólo por el sencillo pero magnánimo acto de saber no-hacer cuando es momento, será capaz de ver.

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