¿Cómo mantener nuestros regalos?

A menudo hay cosas en la vida que son emocionantes al principio y que, con el tiempo, van perdiendo lo excitante. La mayoría de las personas están más enamoradas en su primera cita, que ya adentradas en sus quince años de casados, o más entusiasmadas por su primera semana de trabajo, que cuando llevan tres años en él.

Esta es la realidad de este mundo. La mayoría de nuestras experiencias positivas y nuevas son fascinantes y las agradecemos al principio, pero conforme pasa el tiempo, perdemos apreciación. Perdemos la emoción de nuestros regalos, se vuelven viejos. La mayoría de nosotros acepta esta realidad. Creemos que así es la vida. Todo es siempre más estimulante al principio, después la energía baja, y si eres de los afortunados, seguirás teniendo experiencias positivas más tarde en tu matrimonio, trabajo o cualquier otra experiencia en tu vida.

Sin embargo, la verdad es que hay otro camino. Nuestras bendiciones están diseñadas para permanecer llenas de emoción, felicidad y calidez como en el primer día. Todo lo que tenemos en la vida, cada regalo –matrimonio, familia, trabajo, amigos– está para seguir siendo tan emocionante y satisfactorio en el día cien, como lo fueron en el primer día. Debemos tratar de comprender ¿Por qué se vuelven viejos nuestros regalos, por qué dejan de entusiasmarnos?

Antes de responder esta pregunta, debemos primero entender de dónde vienen nuestros regalos. Los Kabbalistas enseñan un principio básico muy importante, que es que todos nuestros regalos –ya sean físicos, emocionales o espirituales– vienen de una misma fuente. La alegría que sentimos en la comida que consumimos, en la belleza que vemos, en el amor que experimentamos, cada aspecto de esa plenitud, felicidad o emoción, tiene una fuente. Esta se llama la Luz. Es esta Luz que le infunde energía a todos los regalos que tenemos en la vida.

Si entiendes esto, también te darás cuenta que si desprendes estos regalos de su fuente, ya no tendrán esa energía, esa emoción, esa novedad. Por ejemplo, si tomas una lámpara que está conectada a la corriente eléctrica y el foco es potente, puede permanecer encendida durante horas y horas. Pero si desconectas la lámpara, de repente todo se oscurece.

Esto también es cierto en las bendiciones y los regalos que tenemos en nuestras vidas. Si las desconectamos de su fuente –y ahora sabemos que esa fuente es lo que llamamos Luz– así como la lámpara, se oscurecen, envejecen, pierden su emoción y plenitud. Todos sabemos que cuando comemos pastel o pan recién salido del horno, es fresco y caliente. Todos gozamos comer ese pan. Es mejor cuando está caliente, recién hecho. ¿Un día después? Ya no es tan bueno. ¿Una semana después? Terrible, no te lo puedes ni comer. Sabemos que cuando algo es creado inicialmente, ahí está ese calor, está esa energía que gozamos mucho más que cuando ya han pasado tres días.

Si bien es cierto que la fuente de todas nuestras bendiciones, la plenitud y la alegría que sentimos en nuestras bendiciones es esa Luz, entonces sabemos que si las desconectamos de su fuente –así como uno desconecta una lámpara del enchufe eléctrico– comienza un proceso de deterioro, de menos alegría, menos emoción, menos plenitud. Así que la pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué es aquello que hacemos que desconecta nuestras bendiciones de la fuente? Si podemos aprender a dejar de hacerlo, si podemos aprender a mantener nuestras bendiciones conectadas a su origen, entonces deberían mantenerse calientes, permanecer emocionantes, incluso más emocionantes a los diez días, a los cien días que como el primer día.

La respuesta es sencilla. Cuando tomamos posesión de nuestros regalos, cuando empezamos a ver y sentir que son nuestros, los estamos –con esa consciencia– desprendiendo de su fuente, de la Luz. Nada es nuestro.

En este mundo, si le quiero hacer un regalo a alguien, lo tengo en mi mano y se lo doy; pasa a sus manos. Ha sido desprendido de mi, el que da, y recibido completamente por el receptor de este regalo. Y esto es lo que la mayoría de nosotros hace, de una medida u otra, con todos los regalos que recibimos de la vida.

Cuando tenemos una relación, empleo, dinero u objetos físicos y olvidamos que provienen de esta Luz, cuando tomamos posesión de ellos, se ven desprendidos de su fuente y pierden su energía. Envejecerán y es por ello que la mayoría de nosotros experimenta menos emoción al décimo año de casados que en la primera cita; ¿Por qué gozamos menos nuestro empleo al tercer año, que en el primer día de trabajo?, porque lo hemos –a través de nuestra consciencia de posesión– desprendido de su fuente, de la Luz.

Entonces ¿Qué hacemos? Ahora que entendemos que todos nuestros regalos pueden y están diseñados para permanecer tan calientes, tan emocionantes, tan enriquecedores siempre, como lo son al principio, ¿Qué hacemos? Pues la respuesta es simple, En la medida en la que podamos, debemos voltear a ver cada uno de los regalos que tenemos –ya sea nuestra pareja, nuestro amigo, nuestros hijos, nuestro dinero, nuestros bienes materiales, nuestras bendiciones espirituales– y recordarnos consistentemente que no son nuestros; tienen una fuente. Tenemos la habilidad de usar estos regalos; llegan a nuestras manos pero no se desprenden, ni los desprendemos (mediante nuestra consciencia de pertenencia) de la Luz. Sólo entonces pueden permanecer calientes, emocionantes y en estado de inagotable plenitud.