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BLOG: Toño Esquinca
Traducción

A veces pasamos la vida y sus detalles totalmente desapercibidos por buscar lo que según nosotros nos traerá felicidad en algún momento, sin percatarnos de que es justamente en la fibra de cada día que se encierran los tesoros de lo que tanto anhelamos.

Una buena manera de disponerse a disfrutar incluso aún en los momentos adustos o difíciles es ponerse unos lentes especiales que nos permitan traducir aquello que vemos a simple vista, en cantidades de amor. Es decir que si nos enfocamos en cualquier cosa o situación podemos preguntarnos ¿qué tanta cantidad de amor le tomó a alguien para realizar esto? Seguramente sentirá como si se activara una corriente de fluido vivo y dinámico; como si eso que pareciera estático o carente de significado, tomara vida.

En el mejor de los sentidos, todo está vivo. Los conocimientos ancestrales de la metafísica sustentan que absolutamente todo tiene vida partiendo del hecho de que toda la realidad material es un constructo de átomos entrando y saliendo de la existencia, moviéndose, vibrando. Por esto es que se dice que todo es mente, pues la mente superior es capaz de moldear la materia, de crear a través de la inspiración, y esta viene de la fuente de todo lo que existe y está conectada o activada por medio del amor que sentimos por algo, por alguien, de aquello que nos mueve y nos apasiona.

Cuando realizamos y logramos algo es porque el combustible del amor estaba presente y fue la maquinaria que nos llevó a hacer lo que después nos parece una proeza. Y así todo lo que vemos: es el producto del amor que alguien tuvo por algún motivo, incluso tratándose de lo más oscuro. Así como es posible descifrar la realidad material en ecuaciones matemáticas, también es posible traducirla en tonalidades y montos de amor.

El motor de un auto que funciona, el diseño impecable de un espacio, las letras conmovedoras de un poema, el taller mecánico eficiente, un baño limpio, un trámite que cae en buenas manos, la precaución de un chofer del transporte público, lo bien hecho, lo bien ejecutado, a lo que se le ha puesto cuidado, delicadeza, empeño, pasión. Por todas partes y en cualquier momento, para donde volteemos, encontraremos siempre un motivo detrás de lo aparente y un móvil de inspiración y amor para que existiera.

Probablemente a esto se refieren muchas tradiciones espirituales al hablar del fluido o la sustancia que compone todo, y es con lo que se busca contactar al hacer ejercicios de meditación y aquello que se revela en tradiciones chamánicas por medio de las ceremonias de plantas sagradas. Pero en el ejercicio de todos los días, al despertar, rumbo al trabajo, en la vestimenta que llevan nuestros compañeros, en absolutamente todo lo que consideramos ordinario, siempre está latente la pregunta ¿cuánta cantidad de amor se requirió para que esto tomara forma en la realidad?

Y entonces, en la respuesta, lograremos la magia de convertirlo en extraordinario. Incluso aquello que nunca nos pareció conmovedor, que ha permanecido imperceptible, con un simple cambio de visión puede asomar un tremendo resplandor que nos deje sin aliento.

Ser sensibles a lo que está más allá de la piel es una manera de vivir con el corazón abierto, pues quiere decir que estamos habilitados para conectar con esa fuerza más allá de lo evidente que, al menos en esta dimensión, parece ser el pegamento y sustancia de todo lo creado. No se acostumbre a vivir, disfrute del potencial de sensibilidad que puede tener cada instante vivido.

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