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BLOG: Toño Esquinca
Talento

La palabra talento viene de la misma raíz etimológica que talante, que originalmente referían al peso de cierta cantidad de oro en una balanza. También se refieren a la disposición, propensión y voluntad de una persona. Es decir que el talento, como el oro, representa el valor de un individuo y va de la mano de sus gustos y de aquello que despierta su fuerza de voluntad.

El significado puede traducirse de igual manera en que si sacamos lo mejor de nosotros mismos, vendrá el oro. De ahí que se dice que si uno se dispone comprometidamente a hacer lo que ama, tarde o temprano llegará el sustento, pues la vida quiere que mostremos nuestro tesoro oculto: aquello que fue heredado por los ancestros combinándose de manera irrepetible en cada uno de nosotros.

Como adultos, podemos recordar qué nos decían los demás sobre nuestros dones cuando éramos niños; si eran o no reconocidos o si nuestros gustos eran tan marcados que la vocación era muy evidente.

Eso que hacíamos y que nos alababan por doquier; eso que nos decían para lo que éramos genuinamente buenos, que nos hacía brillar, que nos salía a las mil maravillas, que no nos costaba trabajo, que siempre nos llamaba la atención y que encendía esa chispa interior invencible, es justo a lo que debemos poner atención en el presente.

Los talentos son naturales y por lo tanto están latentes esperando a ser convocados sin importar el tiempo ni el espacio. En la medida de lo posible es importante que conectemos de nuevo con esos dones. Tal vez fue demasiado temprano que los perdimos de vista por atender otras demandas, pero eso no quiere decir que desaparecieron.

Lo que cada uno de nosotros puede hacer y cómo lo puede hacer, es único en el mundo. Aunque parezca que las ocupaciones del día a día opacan y van puliendo nuestra singularidad, en el centro del ser existen las combinaciones que hacen inédita nuestra presencia en este planeta. Cuando somos capaces de reconocer aquello para lo que somos extraordinarios lo podemos proyectar en donde quiera que estemos.

Sea a lo que sea a que nos dediquemos, si lo hacemos con todo nuestro talento, tarde o temprano comenzará a deslumbrar tanto que probablemente nos permita ver aquella senda que se abre para nosotros y que es el lugar correcto y perfecto para poder terminar de florecer.

El talento es como esa cuerda transversal que llevamos con nosotros todo el tiempo. Qué mejor que aplicarlo a cada paso y en cada cosa. Un talento comprimido y reprimido es la raíz de comportamientos amargos y de las ganas de molestar.

Es una misma fuerza pero aplicada destructivamente. Mejor usemos nuestros talentos para lo que fueron diseñados, dejándolos emerger con espontaneidad y sin oponer tanta resistencia con la imagen forzada que queremos construir.

La proyección natural de lo que aún a pesar de nosotros mismos se cuela por los poros, es un código luminoso que incesantemente le dice a la vida, aquí estoy y esto soy.

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