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BLOG: Toño Esquinca
Redes y chatarra mental
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Podemos considerar a las redes sociales y las TIC como uno de los cambios tecnológicos más contundentes y que probablemente marcan una era de la historia humana. Ciertamente nos abren a la posibilidad de estar conectados, o tal vez re-conectados, y sean como una especie de muleta o modo artificial de recordarnos la conexión intrínseca que mantenemos al ser parte de una misma naturaleza.

Sin embargo, como infinidad de cosas en el devenir del ser humano, mantenerse en el balance parece ser justo nuestro Talón de Aquiles, así que ya estamos viendo el lado B o los estragos del uso indiscriminado de estos desarrollos tecnológicos y nuevos formatos de comunicación.

Tanto a nivel físico con las malas posturas del cuello que crean jorobas en la columna, el deterioro de la retina, como el peligro de la falta de atención al caminar, al cruzar la calle, y no se diga al conducir un automóvil, el abuso de la utilización de los dispositivos móviles se ha convertido en una gran negligencia.

Pero en la esfera de la formación del criterio, de la incorporación de información y en el caso de los infantes, de la madurez de sus funciones cerebrales, estamos hablando de aspectos muy delicados. Cuando acceso a la información es sobresaturación y exceso, entonces volvemos a hablar de desinformación.

Así como sucede con la nutrición de alimentos, sucede también con la calidad y la cantidad de información que metemos a nuestro sistema intelectual, y muchas de las veces los millardos de bits que recibimos y seguimos en las redes es mera chatarra.

Por eso es muy importante reforzar el cuerpo intelectual con datos altamente cualitativos, respaldados, de fuentes y autores confiables, de maravillosas obras literarias y de todas las áreas del conocimiento que han traspasado el tiempo por la trascendencia de sus revelaciones, por su belleza, por su métrica y evocación de los sentimientos más refinados y las ideas más elaboradas.

Ahora más que nunca, es fundamental nutrir a la mente para que esté suficientemente sólida y pueda recibir bien los embates de las crecientes cantidades de información que va y viene sin cesar y sin discriminación. Las tremendas marejadas de rumorología fabrican opiniones y creencias generalizadas que después se revierten como obsesiones sociales.

Antes de aceptar cualquier dato y tendencia de información por favor lea, acuda a una biblioteca, busque las ideas de los autores clásicos, o valide lo que está a punto de convertir en una creencia, porque recuerde que los pensamientos recurrentes crean la estructura de creencias en la que usted basará sus elecciones, su destino, su día a día, y finalmente cómo va a vivir. Revise cuidadosamente cómo contribuye a todo lo que dice no querer en su entorno, en su familia, en su sociedad, con aquello que toma como cierto y que por ende reproducirá y replicará.

Nadie estamos descubriendo el hilo negro, y la historia humana es sumamente repetitiva, así que entre más pueda usted acudir a las fuentes originales mejor tendrá cimentadas las ideas que realmente nos han hecho evolucionar como especie, más será su capacidad de leer entre líneas y de descubrir las verdaderas intenciones detrás de los comportamientos.

Entre más nociones colectivas de moda sean las que lideran nuestra propia conciencia, más susceptibles nos convertimos a cualquier clase de hipnosis, es decir, a que seamos conducidos por una conciencia de rebaño que nos dirija somnolientamente. A pensar que escudriñar la vida de alguien nos dejará algo bueno. Conducirse con respeto por toda forma de vida y sostenido por una formación de valores que nos eslabonen en armonía, no proviene de creencias de rebaño, sino de una sociedad de conciencias despiertas que buscan su bienestar y no su extinción.

En contraste, creer indiscriminadamente en ideas procesadas, masticadas, destiladas y vueltas a procesar en la maquinaria de las burdas opiniones sin fundamento, es como comer aquello que se desecha y buscar estar saludable. Lea, instrúyase, genere sus propias revelaciones, busque la verdad detrás de la pantalla, y verá la vida con mucha más claridad, objetividad y dirección. 

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