BLOG: Toño Esquinca
Ocúpese del bien

¿Cuánto de su tiempo, atención y energía se enfocan en repetir como mantra todos los errores, defectos y calamidades que existen a su alrededor, como si nunca quisiera que cambiaran?.

Ocuparse de las cosas buenas y nobles de este mundo no quiere decir que se tenga usted que volver ciego ante lo que ocurre, y tampoco que tenga que recetarse “lo positivo” como una prescripción a ciegas.

Ocuparse de lo bueno tiene que ser con la plena conciencia de lo que está haciendo, porque si no, creará más de lo mismo. No puede ocuparse de lo bueno si al mismo tiempo ataca lo que considera malo, ahí no existe la virtud. No puede ocuparse del bien condenando a otros, porque todo mal tiene oculto al bien.

Lo que realmente significa ocuparse del bien está por encima de las separaciones. Ocúpese del bien como lo hicieron Jesucristo o Gandhi: abrazando todo lo que estaba en su contra, volviéndolo parte del juego. Ocúpese del bien sin condenar, sin castigar, sin lastimar, deje que la justicia universal actúe, para que usted no adquiera más adeudos, y para que se asombre de ver la perfección matemática de la vida.

Si quiere hacer el bien, sea él mismo, es el camino más directo ¿no cree usted? Una manera muy efectiva y además poética de ocuparse del bien, es que haga usted lo que más ama, lo que disfruta, lo que le hace sentir que valió la pena vivir, aquello que sembrará en usted las semillas de la trascendencia.

Ocúpese del bien cooperando con seres que hacen el bien, súmese a su fuerza, sea cooperativo, sea un eslabón de su cadena, no sea el obstáculo para los que hacen estas tareas.

Ocúpese del bien y, de manera muy importante, sea consciente de que no lo hace para expiar sus culpas, o porque con eso se ganará el cielo, o porque teme que le pase algo malo, sino porque comprende el valor, el gusto, el placer, la continuidad, el servicio y la sostenibilidad que representa el bien para toda la vida en todas partes.

Sea el bien que está “más allá del bien y del mal”, no repita como perico el discurso aceptado, sea ese bien que sencillamente es una fuerza, la fuerza que todo lo crea y que también lo destruye de ser necesario.

Ocuparse del bien no es ser beato, ni mojigato, porque eso es como jugar a que el ángel artificial en cualquier momento se convierte en demonio; ocuparse del bien, ser el bien, es rendirse ante los ciclos mágicos y contundentes de la historia propia y colectiva, afirmando que la vida es, con toda su magnificencia, mucho más allá de las apariencias que creamos –con el mismo bien- y que un día se convirtieron en nuestra contra.

Ser el bien es ser conscientes de que fuimos inconscientes, y darle el giro a la dona para regresar al origen: al punto cero, y volver a comenzar un ciclo eligiendo distinto.

Sea el bien que quiere ver en el mundo: fluya, comparta, ábrase a las experiencias, y abrácelas, deje de resistirse al enemigo y de condenar lo que no comprende. Sea el bien evolucionando a su mejor versión, no para ser acreditado en el paraíso, sino para construir su propia versión de paraíso en donde esté situado hoy, y ahora. 

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