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BLOG: Toño Esquinca
Invocando a los arcángeles

Se dice que los Arcángeles son en el Universo una especie de corte celestial que vigila el cumplimiento de los siete rayos que diversifican las cualidades y virtudes de Dios, Diosa, la Divinidad, la Inteligencia Suprema o la Sustancia creadora de todo lo que ha sido, es y será. Son huestes que defienden las órdenes y grados, y que, por decirlo de alguna manera, pegan a las geometrías que conforman los bloques de la ilusión de la realidad material.

Recordemos que lo que llamamos vida física es 99% espacio vacío, y que por eso el Maestro Jesús decía que con la fe de un grano de mostaza se podía mover una montaña, pues la física cuántica actual afirma que, si todo este mundo se comprimiera, se reduciría al tamaño de un grano de mostaza, o algo parecido a decir que lo que venga de Dios, por diminuto que sea, es un prodigio.

Por eso la vida en la Tierra es tan peculiarmente sagrada, porque tal pareciera que un amor inconcebiblemente grande creó este espejismo para vivir la experiencia humana. Los Arcángeles habitan en una esfera muy elevada, sin embargo, no están en un allá afuera lejano y distante, sino que están insertos en la composición misma de lo que experimentamos como realidad, por eso es dicho que los Ángeles y Arcángeles están más cerca de nosotros que la propia respiración.

La orden de los Arcángeles, o el Arco que dobla la luz para hacerla materia, está siempre ahí para prestarnos su ayuda incondicional, especialmente en tiempos de gran tribulación humana cuando pedimos y permitimos su auxilio, ya que estos no intervienen en el libre albedrío de nuestra experiencia.

Al ser sustancia de los siete rayos, podemos pedir su presencia de acuerdo a lo que sea necesario: al amado Arcángel Miguel podemos invocarlo como el Arcángel de la Protección, y como el Rey de todas las demás Huestes Angélicas y Ángeles del estruendo luminoso azul del Rayo de la fuerza, la fe, la voluntad, y el poder del espíritu.

Al Arcángel Jofiel de la Iluminación, podemos pedirle auxilio cuando existe la necesidad de tener sabiduría, entendimiento, comprensión del bien superior, e inteligencia.

Al Arcángel Chamuel del Amor Divino, de la diplomacia, de la educación de casa, de la adoración perfecta, cuando -como en estos tiempos- sea requerido con urgencia que el Amor Supremo y Divino envuelva a toda la Tierra.

Al Arcángel Gabriel de la paz y de las buenas nuevas, cuando sea necesaria la resurrección interior, la purificación del alma, las sorpresas felices del espíritu navideño, de los regalos, de las sonrisas, y de la comunicación desde el corazón.

Con especial énfasis, le invito a que en estos meses invoquemos juntos al Amado Arcángel Rafael, médico de los Cielos, para que con su fulgurante rayo verde rector de los avances científicos, de la salud, la verdad y la vida, la armonía y el balance, se neutralicen todos los desequilibrios desde el nivel subatómico, se reestablezca la vibrante salud y energía vital en todos los reinos, los seres y las partículas de nuestro planeta, particularmente en todos los aspectos del Reino Humano.

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