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BLOG: Toño Esquinca
El poder de la impermanencia

Un remedio muy efectivo para salir rápidamente de estados de angustia, desesperación o desesperanza, es recordar la condición de impermanencia que absolutamente todos los seres vivos tenemos al venir a esta escuela llamada Tierra. Buda Gautama despertó a la humanidad con un mensaje tan claro como preciso: siempre tengan presente que todo es impermanente y pasajero.

No dijo algo como: aférrense a sus metas, a sus logros o a lo que hagan y tengan; atesoren, guarden, almacenen y acumulen; preocúpense de no perder nada y de mantenerse siempre iguales o mantener todo en el mismo estado. Hasta suena a chiste, ¿verdad?

Pero son justo las creencias que nos provocan tanto miedo, sufrimiento y angustia. Tendemos a pensar que lo que vemos alrededor no tiene fecha de caducidad, comenzando por las personas, las circunstancias, los estados emocionales, la salud, las condiciones de malestar o bienestar, y continuando con nuestra propia vida.

Actuamos como si todo fuera permanente, cuando es justo lo contrario. ¿Le ha pasado que en los momentos en los que se deja ir por la bruma mental, de pronto se machuca o se tropieza? Decía un maestro que son pequeños jalones de orejas que nos dan los ángeles para recordarnos de súbito que ahorita podemos estar y en el siguiente instante quién sabe.

Reflexionar en esto nos ayuda mucho a saber que esto o aquello también pasará, también se irá, también cambiará, y que, además, nunca de los nuncas será igual; parecido tal vez, pero nunca idéntico. Cuando se encuentre en tiempos o momentos desesperados, intente lo siguiente:

1. Visualícese como una ola del mar, véase cambiante, completamente movible, yendo y viniendo en un vaivén interminable, siéntase cambiando.

2. Remítase a su estado de recién nacido o nacida: completamente desnudo y sin ninguna posesión segura; acto seguido, agradezca por todo lo que tiene, porque incluso si se trata de su pésima situación actual, esta también es un regalo de experiencia.

3. Piense en todas las personas que han partido de su vida, ya sea porque se despidieron de este mundo o porque tenían que despedirse de usted, y vea cómo a pesar de que en algún tiempo se quejó tanto de ellas, hoy, sencillamente, está lidiando con su ausencia.

4. Haga un recuento de todas sus buenas acciones: de aquellos que ayudó, de las veces que se sacrificó por un bien mayor, de las palabras, pensamientos y actos de bondad que surgieron de usted, y repita para sus adentros: esto, en realidad, es mi gran tesoro. Observe cómo al alcance de su mano siempre ha estado y está hacer el bien a los demás y a la vida, y por lo tanto la capacidad de mejorar cualquier condición que usted no desee.

5. Piense en el principio de la naturaleza descrito por la física: en el centro de la partícula más pequeña de la materia existe el vacío; todos somos una proyección de la inteligencia superior entrando y saliendo incesantemente de lo que conocemos como existencia física, así que ¿qué podría durar para siempre?

6. Con todo esto, dimensione tiempo y espacio de su existencia, y amén de no subestimarla, crea en que para la sinfonía universal todos somos polvo de estrellas ante una omnipresencia que, si usted cree con suficiente fe, todo lo cambia por medio del tremendo poder de la impermanencia.

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