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BLOG: Toño Esquinca
El esplendor de una tierra
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Habitamos un espacio geográfico llamado México que es una de las regiones más fértiles en todo sentido. Tan generosa y cálida tierra de fulgor y diversidad. Por eso es que millones de personas desfilan año con año por nuestras mágicas playas, selvas, ciudades coloniales, sitios prehispánicos, prueban nuestra esplendorosa cocina, y se deleitan con la hospitalidad de nuestra gente. Estar contenidos en este maravilloso crisol nos otorga el regalo de disfrutarlo en el escenario de cada día, y también en el ADN tejido a través de milenios de historia y creaciones gestadas en esta cultura cósmica; pero de la misma manera nos compromete como todo acto en donde se adquieren derechos y, naturalmente, obligaciones.

¿Alguna vez se ha preguntado en qué medida está usted comprometida o comprometido con el ejercicio de aquello que recibe de esta tierra, de sus ancestros, de sus herencias culturales? ¿De qué manera y en qué proporción, más allá de cualquier marco político, usted está dispuesto/a a dar en la misma medida en que recibe? Lejos de ser un mandato coercitivo, devolver aquello que nos es dado como gracia es un compromiso personal que debe venir de nuestras convicciones y de la integridad con los valores que nos caracterizan.

Si usted goza de aquello que esta bendita tierra le ofrece en todo sentido, dele lo mejor de usted mismo/a en las maneras que se le ocurran, porque poco puede ser mucho, e incluso la gran diferencia que ayude a sacar avante los problemas que tenemos como sociedad. Comience por lo inmediato: ser mejor ciudadano, principalmente mucho más responsable, más amable, más servicial, menos ególatra, menos troglodita, más informado, más formado, más instruido, más dispuesto a ayudar y menos a sólo pedir y esperar. Tome la acción para ser y hacer aquello que dice usted apreciar, aprenda a descifrar los mensajes que ofrecen los problemas de los que se queja todos los días como un código bondadoso que le indica justo en dónde tiene que trabajar, personal y colectivamente: si es la negligencia aquello que le molesta, revise su propio nivel de negligencia con las cosas que haga, y así permitirá que una cuerda que sostiene la negligencia social, se desbarate.

No haga cosas malas que agredan a otros de cualquier manera; al menos por darle un chance a las matemáticas, sepa que la vida funciona en un misterioso y muy efectivo balance que pone todo en su lugar tarde o temprano, y mucho más en esta tierra que contiene y manifiesta con gran fuerza aquellas semillas que se siembran en su fértil suelo. Si este glorioso territorio le ha permitido a usted y a sus ancestros dar a luz tantos hijos e hijas, siembre árboles con asesoría experta, ayude a limpiar las playas y los bosques, toda nuestra vasta naturaleza, sea menos productor de basura y residuos innecesarios, participe de buenas obras, ponga su mente, manos y corazón al servicio de las y los ciudadanos de esta tierra sagrada, no espere a que le den, a que le caiga del cielo, a que le regalen, a que le pongan todo sobre la mesa, a que le ocurra un golpe de buena suerte, o un revés que le obligue a valorar lo esencial, parézcase más a un creador de cosas benignas y menos a un parásito; hágalo porque lo comprende, porque lo sabe y porque lo quiere. Hágalo porque es un ser humano responsable de sí mismo, crecido, completo, capaz de ser y capaz de ofrecer. Cuando seamos capaces de tomar en las manos desde esta postura el destino de esta sagrada tierra es cuando realmente la veremos florecer con el más alto esplendor que puede alcanzar: el que está escondido dentro de cada una y uno de sus ciudadanos.

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