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BLOG: Toño Esquinca
El deber de no deber

Siempre que ocupe, pida prestado, requiera algo que no es suyo, asegúrese de que podrá ser cabal en pagar sus deudas a tiempo, de que podrá responder de alguna manera satisfactoria, de que tiene con qué compensar o asegurar que quien le otorgue no se quede con un mal sabor de boca. Pedir ayuda cuando realmente la necesitamos no es malo, al contrario, puede simbolizar un acto de humildad que no tiene nada que ver con la humillación, sino con la capacidad de reconocer que necesitamos de otras personas.

Sin embargo, existe una línea muy delgada entre verdaderamente requerir que nos ayuden, o evadir nuestras responsabilidades auspiciándonos en el victimismo y robando con el cinismo y la manipulación el lugar de la verdadera necesidad. Debemos ser personas muy cuidadosas en este aspecto, tanto por nuestra credibilidad y prestigio personal, como por aquello que lastimamos en la tela social, pues es por este tipo de acciones engañosas y fraudulentas que hemos conseguido conjuntamente que esta capacidad de apoyo conjunto se vaya desgastando.

Deber, mal pagar, mal agradecer, chantajear, abusar, engañar, son prácticas que al final de los finales perjudican más a quien las ejerce, que a sus víctimas. Porque a las personas se les puede engañar una vez, pero las veces subsecuentes es complicado, al menos ya se cae en la trampa asumiendo que es bajo esta condición. Energéticamente también bloqueamos nuestro propio camino, pues deber algo ajeno es garantía de que al estarle restando a alguien, ponemos al mismo tiempo una traba en la prosperidad propia. El universo es así: matemáticamente perfecto.

Por eso Confucio dijo: “antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas”, porque aquello que se lanza para un lado, inevitablemente se crea en el otro pues vivimos en una realidad dual y esta naturaleza no la puede cambiar el hecho de desconocerla o evitarla. Tomar responsabilidad por nuestros actos es el mejor regalo que nos podemos hacer y también a los seres que queremos para no dejarles o heredarles cargas ajenas. A veces nuestras circunstancias son lo suficientemente adversas que requerimos del invaluable apoyo de los demás para salir adelante, pero siempre teniendo en cuenta al agradecimiento como la única manera de equilibrar la balanza.

Tal vez no podemos regresar el favor de la misma manera o en la misma especie, pero siempre de los siempres podemos encontrar formas de compensar, agradecer en acciones, y demostrar que nuestra intención no está basada en la victimización, en el merecimiento sin esfuerzo, en el resentimiento o en la venganza. El deber de no deber no es por orgullo, sino por mantener un justo contrapeso que mantenga nuestras relaciones sanas y firmes, pues en cuanto se da o se quita de más, se siembra una semilla amarga que puede corroer hasta los más cercanos vínculos.

Además, es lo menos que podemos hacer por quienes nos echan la mano, quienes no nos olvidan, quienes están con nosotros en las buenas pero sobre todo en las malas. En todo cuanto hagamos, nunca olvidemos retribuir con lo mejor que tenemos a aquello que nos es otorgado por medio de la generosidad y la bondad de las personas, y jamás incurramos en morder la mano que nos dio de comer, para que tengamos siempre abiertas las puertas del cielo y de la tierra para recibir todo aquello que la vida nos quiera regalar.

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