BLOG: Toño Esquinca
E-Lecciones

Todo acontecimiento lleva consigo una lección y lecciones de lecciones. Podríamos decir que –esta vez– ganaron el odio, el resentimiento social, el racismo, y las demás bajas pasiones de los seres humanos, contenido todo en un proceso civilizado.

Debemos estar atentos a no generar miedo o desesperanza, ya que esto es el conducto directo y sin escalas a más ira, odio y violencia. Estas elecciones estadounidenses me recuerdan a las viejas imágenes de una sociedad más apretada, intole-rante, rígida, de aspiraciones sumamente superfluas, y de grandes mentiras al interior.

A esos rumores escondidos de pasillo entre las familias, donde el vecino de enfrente parecía impecable, con todos los requisitos para denominarse una “buena familia” o una familia “normal”, con todas las de la ley, pero que al acercar la visión más allá de la punta de la nariz, iba develándose como un núcleo bastante disfuncional, viviendo para las apariencias, con grandes y profundas descomposiciones de la dignidad humana, llena de hipocresía y engaños. Siento como si el cobertizo de esa vieja familia que ante los demás de la cuadra se ostentaba como “aspiración perfecta”, se hubiera derrumbado súbitamente por si quedaban dudas.

Pero eso tiene algo bueno, porque como pasa en una esfera más inmediata, empuja a ver al núcleo propio. Probablemente a valorarlo más, a ver que a pesar de tanto problema, no somos peores. A tomar importancia de lo nuestro, a verdaderamente honrarlo y tomarlo enserio entregando todo y lo mejor de nosotros. Acontecimientos como éste, aunque de base sombría, son igniciones para otra cosa, para ser más conscientes, para resolver nuestros problemas con voluntad, con dignidad y empuje: a poner el mejor y el doble de esfuerzo en cada cosa, pero no el esfuerzo que cuesta trabajo, sino que viene de la comprensión y del aprecio por lo que somos, para sanearlo, mejorarlo, hacerlo brillar.

La capacidad imaginativa, inventiva, creativa, creadora, y todas las cualidades que nos caracterizan y que hemos empleado mucho tiempo sólo en sobrellevar la vida, deben permear nuestros actos y actitudes, pero sobre todo, para integrarnos en una sola fuerza; no para guerrear, sino para vibrar en notas más altas y con el poder de la unión. Como dijo Pitágoras de Samos, filósofo y matemático griego del 582 a.C.: “Tú verás que los males de los hombres son fruto de su elección; y que la fuente del bien la buscan lejos, cuando la llevan dentro de su corazón”.

En tanto que son momentos de confusión y hasta desvarío, también lo son para tomar nuevas elecciones, dejando ya de poner el valor en donde no lo hay, parados en una base que es fundamental: la verdad, fortaleciendo la bondad, la generosidad, la honestidad, la rectitud, la integridad, el alto espíritu que dieron pie por almas grandes a una enorme nación como la nuestra, a no olvidarlo de nuevo, pero no para cerrarnos al mundo ni para ponernos en contra de nadie, sino para a-provechar este y otros eventos como una nueva oportunidad y un llamado a volvernos a mirar a los ojos, a reconocer nuestras fallas, a hacer vida lo mejor de cada uno, y de todos en conjunto, a elevar la auto-estima colectiva, a ser soberanos para el bienestar y la libertad, y así abrirnos al mundo, con el ejemplo de quien sabe ver el mensaje de las lecciones, aprende, crece, y enseña con el ejemplo.

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