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BLOG: Toño Esquinca
Dios pone los medios
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Aquellas cosas que nos pasan que recibimos como perfectas sincronías o casualidades, como golpes de buena fortuna, o encuentros que cambian el rumbo de nuestra vida para bien, llegan como agua en el desierto y renuevan el poder de nuestra Fuerza Espiritual: FE. Por eso en cualquier religión o escuela espiritual siempre se antepone el agradecimiento como una práctica que nos permite recibir más de aquello que nos gusta o que nos trae bienestar.

Pero el agradecimiento atomizado lleva consigo un montón de cosas buenas que hemos sembrado. Esto es muy interesante e importante de explorar si queremos ser conscientes de cómo es que llegan estas fortunas a nuestros caminos o bien, como es que a veces tardan demasiado, y creemos que ni siquiera Dios o la Divinidad, o como le quiera llamar, nos está volteando a ver.

Dios o el Universo ponen los medios, la cosa es que si tenemos un montón de basura estancada en medio, es muy lógico que la vía esté obstruida. Es decir que no es que no lleguen sino que están haciendo fila detrás de un montón de pendientes que seguramente no hemos querido atender, o somos nosotros los que no queremos voltear a ver. Son todas esas semillas que sembramos para amargarle la vida a alguien más comenzando por nosotros. ¿Cuántas maldiciones lanzó usted últimamente? ¿a quién le metió el pie? ¿a quién envidió tanto que hizo hasta lo imposible porque no llegara a su meta? ¿qué se ha robado en los últimos tiempos: ideas, relaciones, cosas, tranquilidades ajenas?

Todos esos son bloques de una gran muralla que le dice al Universo: aún no, y que van encerrando el propio camino en un circuito sin fin de puros infortunios, pero justamente porque nosotros construimos la barrera y las hierbas malas que crecieron en nuestro mundo. Cuando llegan momentos sincrónicos luminosos estamos recibiendo una buena señal de que por ahí ya vamos limpiando nuestro campo, y que algo hicimos que dejó entrar ese rayo de sol.

Ser conscientes de eso puede permitirnos tomarlo como la punta de una hebra que, si así lo elegimos, podemos seguir tejiendo hasta que lluevan las benditas cosas por las que hemos estado pidiendo. Pero mientras esto no sea así, los efectos de las causas seguirán manteniéndonos en un vaivén doloroso y sobre todo completamente adormilante.

La mejor manera de cortar mala hierba es dando sin esperar, sirviendo sin querer algo a cambio, dando lo mejor de sí y no querer retribución ni reconocimiento, trabajar cabalmente, esforzarse con el simple propósito de agradecerle a la vida por cada una de las respiraciones que nos ha dejado dar, hacer las cosas como nos gusta que las hagan para nosotros y dejar de quejarnos por lo mala que es la vida, porque recordemos que esa muralla y ese jardín lo construimos nosotros, consciente o inconscientemente, en esta o en otras vidas o formas de existencia, con toda nuestra línea de sangre detrás, a los lados y por delante.

Asumirnos en esta posición nos trae de vuelta el poder de cambiar nuestras vidas, y su contraparte: el victimismo interminable, sólo nos podrá mantener en el mismo lugar. Si Dios le pone los medios ¡tómelos con agradecimiento, conciencia y emoción! Porque algo ha cambiado en usted que está haciendo las cosas mejor comenzando usted mismo/a.

No pierda ese tren y siga por ese rumbo sembrando aquello que quiere para sí y para los suyos. Nada pasa porque sí, o porque los astros se alinearon y fue un día para la suerte, los encuentros fortuitos, y lo inopinado. La verdadera magia lleva mucho esfuerzo, trabajo y cabalidad detrás, porque ahí es donde dejamos que las cosas ocurran, que los milagros hagan su aparición, pero sin nuestra participación, sólo giramos en una rueda de hamster, en una consciencia meramente primitiva y de supervivencia.

Dios pone los medios, y usted, yo, todas y todos, ponemos el arte de crear, hacer, pensar, vivir, desde lo más sublime que llevamos dentro. Y como siempre, la elección está ahí en la punta de nuestra nariz, y esa es sólo nuestra, de nadie más.

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