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BLOG: Toño Esquinca
En amor y servicio: De los padres
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En México solemos llamar cariñosamente a los papás “jefes”, y esto aunque ahora parezca hilarante, tiene un gran sentido. Antes, más que ahora, socialmente teníamos un enorme respeto por la figura paterna.

En una responsabilidad conjunta, se mantenía al padre como el jefe de la tribu, y como la representación del aspecto masculino de la creación. El desbalance y la extrapolación de este aspecto trajeron muchos desequilibrios de dimensiones desastrosas como el abuso del poder y de la fuerza, el exceso de racionalidad y de lucha, lo que también desvirtuó tremendamente los atributos de lo masculino.

Es comprensible entonces que se le haya perdido el respeto y que, en cuanto hubo oportunidad de rebelarse, se abrió el paso para que el aspecto femenino recuperara su peso específico. Casi todas las tradiciones espirituales del mundo han creado un símbolo para representar el balance de estas dos fuerzas o facetas de la creación en nuestro Universo, porque sin estas dos fuerzas la vida física, como la conocemos, no sería posible. Una como la otra son fundamentales y siempre confluyen en Uno; no están separadas, y mucho menos en conflicto; son una con la otra, y no una contra la otra.

La ilusión de lucha y separación es por entero creación humana, como lo es también la elección de su desbalance. Un hombre o una mujer, no pueden estar en equilibrio y perfección si dentro de sí mismos no mantienen estas dos fuerzas en balance. Esto no tiene nada que ver con las preferencias sexuales, sino con las fuerzas vitales del ser humano: magnetismo y electricidad, día y noche, frío y caliente, luz y oscuridad, derecho e izquierdo, cielo y tierra.

El día del padre entonces, puede resultar el pretexto perfecto para reflexionar en el valor de lo masculino en nuestras vidas, representado tanto en nuestro propio ser, como en los padres, abuelos, y “jefes” de las familias. Es el tiempo de abrazarlos con respeto, aprecio y agradecimiento, sean como sean y hayan sido como hayan sido; porque si algo hay que comprender es que todos hemos vivido el desequilibrio de estas fuerzas por igual. Reconocer su presencia, y tal cual es, integrarla en nuestra hoja de vida es una pieza indispensable de nuestro rompecabezas para seguir creciendo y evolucionando, tanto individual como socialmente.

Sin el aspecto masculino equilibrado y reconciliado, estamos carentes y discapacitados emocionalmente, es como tener sólo la mitad del cuerpo; nos deshabilitamos para abrazar la vida en su totalidad y sobre todo, para madurar. Hay un dicho que encierra una gran verdad: “quien no respeta a su padre, no puede respetar a nadie”. Muchos de los conflictos sociales que acarreamos, llevan el trasfondo de la rebeldía sin causa del adolescente atrapado que no encuentra su guía y figura de autoridad, y que necesita constantemente mostrar la furia del que carece de un aspecto trascendental.

El respeto por las normas, las reglas, los acuerdos, la sabiduría, la estructura, la guía y los límites, es vital para conducir nuestra vida y nuestro entorno. Qué mejor oportunidad que el festejo de los padres para tomar con amor esta parte intrínseca de nuestro árbol genealógico.

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