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BLOG: Toño Esquinca
De la superstición al poder interior

El inicio de un ciclo puede estar aderezado con muchos rituales y símbolos que refuerzan esta transición. La fecha del año nuevo no es la excepción, y de este modo podemos hacer muchos de estos ritos que fortalecen nuestra creencia y fe en que recomenzamos hacia algo mejor o hacia el cumplimiento de un deseo. Sin embargo los símbolos no son la esencia de este movimiento. Pueden ayudar, pero el mundo material nunca estará por encima del mundo espiritual.

Lo importante es la intención que llevamos en el corazón y en dónde estamos enfocando nuestra energía. Lo importante también es qué tan consecuentes somos con aquello que deseamos. De nada vale vestir de cierta manera o usar piedras, velas o cualquier objeto si nuestros actos son completamente contrarios a lo que estamos pidiendo.

Es poco útil llenarnos de fetiches o protecciones si cuando tenemos oportunidad de hacer el bien, seguimos haciendo lo opuesto. Cuando tenemos tanto miedo que dependemos al extremo de cosas externas, estamos en la superstición, que es una señal de nuestro ser para que veamos todo aquello que necesita ser sanado. En realidad si no nos convertimos en aquello que deseamos, seguiremos enviando mensajes equivocados.

Es la ley de causa y efecto. Lo relevante es partir de la honestidad con nosotros mismos y saber cuáles son nuestras debilidades, trabajar en aquellas áreas donde nos sentimos sin poder, llenos de miedo y de resentimiento, pobres, víctimas, estancados, apegados, heridos, y liberarlas para que entonces sea nuestro propio poder interior el que mueva la realidad. Sólo así es que un símbolo cobra sentido, pero esto nunca ocurrirá al revés. La mejor protección, el mejor ritual, es un acto de amor, por nosotros y por toda la vida. Elegir la opción más benéfica para todos, momento a momento. Hacerlo de corazón.

Es más poderosa una persona que no utiliza símbolos pero que es natural, genuina, vibrante con su esencia, generosa o bondadosa, que una que se vale de elementos externos pero que su mundo interior es un caos, o que opta por seguir engañando, manipulando, criticando, traicionando, hablando de los demás, robando, o amargando a su entorno.

Podemos abrirnos al acto de reflexión profunda de si aquello que nos sucede es fortuito o si ha sido creado por nosotros, porque sólo de esta manera podemos traer de vuelta nuestro poder y crear cosas mejores. Los símbolos se vuelven sagrados cuando su significado es lo que hemos resuelto en nosotros; cuando representan a la Divinidad y al amor que llevamos dentro y cuando hemos elegido dejar que estos se expresen en todos nuestros ámbitos.

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