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BLOG: Toño Esquinca
Conocernos
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Es un común denominador de muchas tradiciones y escuelas espirituales la noción de que no sabemos prácticamente nada de lo que ocurre detrás de todo, mucho menos podemos saber acerca del mundo que traen los demás en la cabeza y en el alma. Imagínese usted si realmente supiéramos lo que creemos conocer de las demás personas, ¡nos volveríamos locos! Pero con esa idea es que juzgamos, prejuiciamos y nos separamos: como si lo supiéramos todo. A duras penas somos capaces de conocernos, re-conocernos y observar quiénes somos, mucho menos entonces podríamos saber las razones de los otros para ser como son. Con la mano en la cintura parloteamos y determinamos que tales o cuales personas son así, y como si fuera poco, les recetamos la fórmula para que se compongan o mejoren sus vidas según nuestra propia proyección.

Es muy ocioso querer ser biógrafos ajenos y es una salida muy fácil para evadir nuestros propios asuntos. En realidad es el ego o esa parte de la mente llena de ideas aprendidas y ya digeridas la que se cree sabedora de la verdad, así que debemos estar muy alertas para no creernos esas versiones y no guiarnos por este espejismo. A veces tan sólo basta un leve acercamiento con curiosidad, apertura y humildad para conocer a las demás personas en su propia versión, dejar que se expresen y finalmente aceptar que todos somos universos complejos.

Creer que lo sabemos todo nos coloca ilusamente en una posición superior y desde esa soberbia no vemos más allá de nuestras narices, lo que puede hacer que vivamos en un auto-engaño que nos pone en el gran peligro de vivir ignorando lo que en verdad es. Imponer, controlar, manipular y emberrincharse con los caprichos de la mente acerca de los otros no sólo nos hace más infelices, sino que nos pone en un mundo aparte en donde o somos víctimas o enemigos latentes de los demás. Cada vida puede ser una apología inspiradora para un libro o una película, y los seres que nos rodean siempre de los siempres traen una enseñanza consigo como un regalo para nuestra propia historia.

Déjese guiar cada vez menos por una apariencia perfecta, por una imagen aprobada por consenso y por lo que resulta tan obvio; en contraste, déjese conducir cada vez más por su intuición, por su resonancia, por su inspiración. Las esencias, si usted lo permite, pueden asomarse mucho más rápido y evidente de lo que cree. Fíjese en los frutos, en cómo vive el amor y los valores universales aquella persona que quiere conocer, incluido usted y sus seres más cercanos. Se sorprenderá de cómo a veces la cara vestimenta encierra una tremenda miseria. Normalmente quien hace mucho ruido y alarde de sus virtudes, quien se encarga de no pasar desapercibido, quien roba la atención y la energía de los que le rodean, está proyectando todas sus carencias, por más noble que suene su discurso. No se vaya con la finta, y no se pierda de algo espléndido por sus prejuicios. Re-aprenda a conocerse y a conocer a los demás, porque es justo ahí el único espacio en donde pueden crecer la verdadera comprensión y la reconciliación para que al menos nuestro mundo interior sea más armónico.

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